Tell me what you kill?
Tastel
lestat_sara
Como si perdiese el control...


La bebida parecía haber hecho mella en su cuerpo ya que no sentía el frío que llenaba la noche, ella estaba en manga corta sentada en la terraza de su casa recordando y olvidando lo que le interesaba. Aun quedaba un poco de esperanzas e ilusiones en su vaso, bebió de un solo trago el contenido y lo estrelló contra el suelo, había comprobado con bastantes sobras que el alcohol no es más que un agravamente para la enfermedad emocional y ahora pagaba las conseqüencias que se mostraba en sus lágrimas. Un suave susurro invadió sus tímpanos provocando un escalofrío en su piel, esa maldita voz, tan jodidamente atrayente como seductora la hacía morderse los labios cada vez que la escuchaba o la recordaba. Sintió su respiración en su cuello, como bajaba lentamente erizando cada centímetro que atravesaba, tan asombrosa, tan rítmica, tan tranquila...

Su cuerpo excitado notó el tacto de sus manos paseando por su espalda lentamente, subiendo su camisa y acariciando ahora la piel desnuda mientras desabrochaba su sujetador permitiéndole acariciar sus pechos indefensos. Su boca seguía repasando su cuello mientras le susurraba palabras inaudibles pero gratamente excitables. Los nervios empezaban a traicionarla y empezaba a impacientarse con tanto jugueteo, era la mejor de las torturas, pero aun así una tortura, suplicó en voz baja que no se demorara más y su acompañante obedeció descendienco lentamente hasta el centro de su humedad. Podía sentirlo claramente, podía notar las suaves embestidas que había empezado, podía notar su respiración cada vez más difícil de mantener, podía sentirla a ella por entero, podía sentir como todo su cuerpo se rendía ante ese acto tan vulgar como fascinante y empezaba a contraerse a causa del climax. Con las gotas de sudor en el rostro y aun con la respiración alterada intentó dejarse caer para descansar y notar por entero el cuerpo de su amante... pero no había nada y el golpe en la cabeza le hizo salir de aquella alucinación tan extraña. Tocó el lugar donde le dolía la cabeza y luego el lugar donde su corazón estaba latiendo con la fuerza de un huracán. Suspiró resignada mientras se prometía a si misma no volver a beber de aquella forma, otra voz en su cabeza no dejaba de rondarla repitiendo lo mismo una y otra vez:


¿Dónde estás?

6 meses...
Tastel
lestat_sara
Las camisas bien dobladas dentro de la maleta, las llaves en la mesita y una nota de despedida en la mesa del comedor. Las lágrimas en los ojos y la esperanza en el corazón de que no sufran más de la cuenta. Son solo 6 meses lo que queda, 6 duros meses en los que poco a poco se irá haciendo una carga más y más pesada para sus familiares. Prefiere marcharse, prefiere desaparecer y que la odien antes que compartan el dolor de su enfermedad. Nadie sabía nada, nadie sabía a donde iba, ni siquiera ella misma caminando entre la fría brisa de esa noche de verano lo sabía.

No había ni un alma en las calles de aquella maldita ciudad, subió a su moto de gran cilindrada asegurándose de que llevaba la cartera con parte de sus ahorros, la otra parte los había dejado al lado de la nota. La suerte de haber estado trabajando los últimos 3 años pudiendo ahorrar prácticamente todo lo que ganaba ahora le aseguraba que al menos no pasaría hambre. Pensó que carretera tomar, aunque poco importaba, fuese a donde fuese, su destino sería el mismo, intentaría encontrar trabajo mientras le quedasen fuerzas y aparentar relativa normalidad hayá donde fuese. Arrancó el motor y aceleró a la máxima velocidad que pudo.

En casa mientras sus padres aun dormían, tranquilos y seguros de que su hija hubiese superado el reconocimiento médico con buena salud. Una hija realmente brillante en los estudios y trabajadora, algo testaruda y cabezota, pero una buena hija. El padre abrió los ojos después de escuchar algo parecido a la puerta de la calle cerrarse, seguramente no sería nada pero se levantó para comprobar que todos estaban bien. Salió de la habitación y miró en la habitación de su hijo pequeño, dormía placidamente y no parecía haber nada raro allí, miró en la habitación de su hija mayor todo parecía normal, aunque algo extraño había en su postura de dormir.

Se acercó para darle un beso y con un fuerte shock descubrió que era la almhoada lo que hacía de hija. Rápidamente comprobó todas las habitaciones de la casa sin encontrarla, despertó a su madre quien asustada fue a comprobar de nuevo la habitación de su hija viendo para su asombro que no estaba ni siquiera la ropa. Su padre salió corriendo a la calle llamándola a gritos por la calle, ninguna respuesta, solamente las luces de algunos cuartos de los vecinos se encendieron extrañados de el escándalo que se estaba formando. Cuando subió de nuevo a casa, reparó en que no estaba la moto que le regalaron al cumplir los 18 años, la voz de su mujer llamándolo le hizo subir las escaleras de 3 en 3, había encontrado la nota y el sobre con el dinero de sus ahorros.

"Siento marcharme de esta forma tan repentina, pero me siento asfixiada y necesito encontrarme a mi misma, decidle al pequeño Mike que lo siento, Os quiero mucho.

Laura."

Only you...
Tastel
lestat_sara
Te tendría entre mis manos
y te escaparías,
te tendría entre mis brazos
y te esconderías.

Te arroparía con besos
y te asustarías,
te daría consuelo
y seguirías fría.

Permanecería quieta
y te seguiría buscando
durante todas las noches.

Estarías callada
y seguirías sin escuchar
como te llamo en la oscuridad
a gritos desesperada.

My little secret...
Tastel
lestat_sara
"¿Cuando te giraste... quién estaba detrás?"

A sus amigos les fascinaban sus frascos colgados del cuello rellenos de un líquido extraño que no dejaba indiferente a nadie, al igual que el llavero que colgaba del bolsillo de su pantalón con una curiosa forma semejante a un ojo de cristal, aunque muy bien conseguido, pues eran de una belleza y de un realismo que daba incluso miedo. Ella le encantaba exhibir tanto su colgante como su última adquisición en cuanto a la colección de ojos de cristal. Muchos de sus amigos le preguntaban de donde los había sacado, ella solo reía y respondía que eran de una tienda especializada de su pueblo.

Se despidió de todos y volvió a su casa, acariciando suavemente el colgante entró en ella y cerró con llave la puerta. Comprobó las ventanas y que no hubiese nada raro allí, todo normal, su hogar seguía tal y como lo había dejado. En la cocina abrió la nevera y sacó un par de tapers con sobras de la cena de ayer, una rica pizza barbacoa que inundaba todo su paladar. Luego fue a su despacho y revisó los documentos para la reunión de mañana y los guardó en su maletín de trabajo. Sentada en la butaca de trabajo tomó una última copa de tequila antes de ponerse manos a la obra, lo saboreó exquisitamente dejándose embriagar por el calor que abrasaba su garganta y más tarde su estómago. Terminada la bebida, se dirigió a la puerta del sótano y la abrió con una de las llaves que colgaban de su particular llavero; encendió la luz y cerró la puerta bajando sigilosamente las escaleras. Para su agrado su nueva víctima seguía allí, quieto, inamovible, no le quedaban más fuerzas para intentar gritar o gimotear, parecía dormido y le observó admirando su "obra" recordando lo estúpido que había sido dejándose seducir por una chica desconocida tan solo porque le proponía pasar una noche emocionante, “Estúpido”.

Sus mejillas estaban manchadas de sangre, sus brazos fuertemente heridos a conciencia dibujando símbolos que ella misma había inventado, tenía la piel del pecho parcialmente arrancada; donde se podía distinguir a la altura del corazón un dibujo del mismo, además en las piernas desnudas llevaba un cilicio que parecía cortar la sangre de su pierna. Le encantaba la escena, y ahora tocaba finalizar el trabajo con un espectacular final. Cogió la daga regalada por su padre y la examinó comprobando que estuviese correctamente afilada, luego le despertó cortando un lado de su mejilla lentamente dejando escurrirse la sangre por la hoja que sostenía fascinada por la sangre oscura y espesa casi sólida que derramaba la nueva herida. Él intentó gritar pero ella le cubrió los labios con la daga y le hizo un gesto para que callase. Besó la hoja sin apartarla de su boca, cortándose levemente los labios sintiendo una sensación de éxtasis indescriptible. Dispuesta a terminar el trabajo, levantó su cabeza dejando ver el hermoso cuello blanco localizando la aorta. Paseó el arma por el cuello antes de que con un movimiento tan magistral como elegante le cortara la yugular.

Lamió la sangre que aun le caía de sus propios labios y se sentó en una silla en frente del muerto, decidiendo cual sería su mejor trofeo. Sus ojos, aunque bellos, eran demasiado comunes, un marrón claro los teñía con una pupila de lo más corriente, “Demasiado visto”, cogió uno de los pequeños frascos y lo llenó con la sangre que aun goteaba de su cuello. Lo tapó fuertemente con el tapón y después de descordarse el collar y quitarse el antiguo frasquito puso el nuevo con suma delicadeza, admirando a cada segundo la nueva sustancia del interior. Volvió a ponerse el collar sintiendo un confort y un alivio reconfortante, luego cogió el antiguo tubo y lo puso en una especie de despensa donde guardaba el resto de su colección. Miró por última vez el atractivo cadáver que aun tan pálido como se encontraba, seguía siendo sumamente hermoso. Lo cogió con cuidado y lo arrastró hasta la bañera llena de ácido depositándolo suavemente en el interior. Luego se lavó las manos para no correr riesgos en cuanto al ácido y salió del sótano cerrando la puerta con llave. Se dirigió a su habitación y se tumbó en la cama extasiada, el trabajo de hoy había sido duro, aunque no eran más de las 10 de la noche, la experiencia fue muy satisfactoria y a la vez cansada. Contempló una vez más su nuevo trofeo antes de dejarse llevar por los brazos de Morfeo al mundo de los sueños.

La tarde siguiente sus amigos y ella quedaron para tomar algo después del trabajo y así planear el fin de semana, uno de ellos hablaba maravillado por la nueva adquisición que colgaba de su cuello, le preguntó de donde lo había sacado, ella solo sonrió y contestó:

-De mi antiguo pueblo, hacen grandes exquisiteces ¿Verdad?

moon...
Tastel
lestat_sara
Era una noche como esta,
no había ni una estrella,
todas parecían asustadas
y de ella se ocultaban.

Era como un lucero gigante,
un haz de luz majestuoso
posado sobre sus ojos
que embelesaban y volvían locos.

La luna la mostró a ella,
no digo que fuera perfecta
mas era sumamente bella,
la magia de esa noche hizo que en mí se volviera eterna.

Ahora sin miedo pasea,
y yo la observo detrás de estas rejas
ya que por su culpa hoy en mi corazón cumplo condena
pues fue por ella por quien perdí la cabeza.

¿Qué me dices...
Tastel
lestat_sara
Había flores en su aposento, en un lugar apartado, lejos de cualquier mirada curiosa que las pudiera marchitar. Todas las noches las cogía con cuidado y las acariciaba suavemente mientras recordaba el aroma que transmitían. Ellas parecían fuertes, sin demasiado orgullo, pero erguidas siempre aunque hubiesen perdido su antiguo olor. Ellas seguían viéndose hermosas y brillantes, pero no daban ninguna fragancia. Sabía que cualquiera que las viera las despreciaría y las tiraría en el suelo. Ella las guardaba secretamente como el mejor de los tesoros. Las cuidaba con esmero, con la delicadeza con la que era capaz una madre de arropar a su hija. Pensó en quien le había regalado las flores, sonrió, antiguamente las hubiese tirado al suelo sin ningún tapujo, pero ahora las abrazaba con todo el cariño que no era capaz de expresar hacia esa persona.

...si te traigo esta noche descalza, y te enseño con todos los labios, los matices...?

Maldito, maldito seas!
Tastel
lestat_sara
Puede ponerme tranquila
y al momento, temblando,
hacerme pedir clemencia.

Puede hacer que quiera
u odie al momento,
puede retorcerme con frenéticos latidos
o darme una pasividad anormal.

Puede darme la seguridad del heroe
o la cobardía del ladrón,
puede borrar a mis miedos
o ponerlos en acción.

Podría dejarlo de lado
y esconderlo en un rincón,
pero, maldito sea mil veces,
no puedo olvidar mi corazón.

Que más da...
Tastel
lestat_sara
¿Qué más dará,
qué mire tus ojos
qué observe tus piernas
o qué estudie tu rostro?

¿Qué más dará,
qué te busque
qué te escriba
o qué diga cualquier tonteria?

¿Qué más dará,
que espere temerosamente
o que ahogue los nervios
en palabras tontas?

¿Qué más da todo esto,
si por mucho que lo intento
tú jamás darás cuentas
al corazón que espera
sin descanso por un simple gesto?

WTF?
Tastel
lestat_sara
(No tiene demasiado sentido, pero ahí va)

Esperó ansiosa en la entrada del restaurante, su cita se retrasaba ya 20 minutos y le molestaba sobre manera que ocurriera eso. Intentó respirar hondo para tranquilizarse, las farolas de esa calle daban un suave tono amarillo a la noche, un color que daba la impresión de estar en una postal antigua. Levantó la cabeza mirando a ambos lados mientras veía salir gente del interior del local. No había ni rastro, ¿Dónde demonios se había metido?. Pensó que tal vez estaría en un atasco, o tal vez había tenido un accidente. Borró ese último pensamiento de su mente, no iba a ponerse en lo peor por 30 minutos de retraso. Echó un vistazo a su móvil, ni una llamada perdida ni ningún mensaje, probó en llamar pero salió el buzón de voz en respuesta. Extrañada, se impacientaba cada segundo que pasaba, miraba constantemente su reloj intentando hacer que el tiempo pasara más despacio en vano.

1 maldita hora llevaba allí plantada, muchas de las parejas que habían entrado a la misma hora que su cita empezaban a salir del restaurante. Los miraba con rabia y con enfado, muchos de ellos susurraban acerca de ella cuando se alejaban lo suficiente. Aunque la idea del accidente le volvió a la mente con más fuerza que antes. Probó llamando a su casa, pero nadie contestó. La hizo ponerse en lo peor, tenía las manos mojadas y seguramente su camisa manchada del mismo sudor, aunque poco importaba ahora, sacó las llaves de su coche y se subió a él dispuesta a recorrer el teórico camino que hubiese recorrido su acompañante.

Recorrió el trayecto sin ver nada, llegando a su casa nerviosa y apunto de arrancase las yemas de los dedos de la frustración. Llamó al timbre y una voz extraña contestó, sorprendida le preguntó quien era, y este le contestó que el dueño de la casa, Enrique Maroto. Incrédula revisó los nombres de los buzones y para su sorpresa no estaba el que recordaba. Salió fuera tambaleándose de la impresión sentándose en el bordillo de la acera para no caerse. Se quitó las gafas y las limpió concienzudamente como si quitándoles la suciedad pudiese entender la absurda situación. ¿Qué demonios ocurría? ¿Dónde diablos estaba? ¿Sería solo una ilusión suya? ¿O tal vez lo había soñado? Nada tenía respuesta en el momento, y estaba francamente desesperada, se echó a llorar sin saber de que otra manera actuar. Levantó los ojos al cielo viendo la silueta de las pálidas estrellas en el firmamento, diluido en gran mayoría su brillo por la luminosa calle, aunque había una en particular que brillaba de una manera especial. La miró curiosa unos instantes y detrás de su oreja unos labios susurraron “Espero no haberte hecho esperar demasiado”

Es un paso más...
Tastel
lestat_sara
"Si busco en los mapas
que nos dieron al llegar
me pierdo en la recta
sin brazar..."

"¿Dónde quedaron las historias de grandes caballeros que salvaban a bellas damas? ¿Donde fue la guerrera que era dueña de su destino?"

Se quedó en el rincón pensativa, observando la gente diferente del local que bebía cómodamente sin ningún remordimiento. Repasaba sus ropas formales y sus distinguidos trajes, algunos con corbata, otros con chaqueta y camisa de seda, muchos con el cigarro encendido consumiéndose lentamente en sus vacías bocas. Hablaban de temas diversos, desde política y la situación actual del país hasta los últimos resultados de su equipo favorito de fútbol. Algunos incluso tenían charlas de lo más interesantes sobre temas filosóficos y divagaciones personales que pretendían exponer ante sus compañeros de mesa. Ella sorbió un poco más de su gintónic y pidió a la camarera que le trajera un vaso lleno de tequila, la anterior bebida se le quedaba corta para tranquilizar sus pensamientos. Acostumbrada a la escena, encendió otro cigarrillo contribuyendo a la espesa niebla que se había instalado en el local. La música, a un volumen audible y que no molestaba, daba un ambiente íntimo a los clientes que pretendían tener una velada agradable. Ella en cambio, pretendía olvidar un nombre de su cabeza, un maldito nombre y un maldito rostro grabados a fuego en sus memorias.

La camarera le dio el tequila y se lo bebió de un solo trago, esta la miró extrañada pero se fue sin decir nada. Se acomodó un poco en la incomoda silla y divagaba en momentos, frases o palabras clave para llegar a entender como se encontraba en esa situación. Sus ojos se cerraron al recordar su sonrisa y mordió sus labios al volver a tener en mente sus piernas. Se sentía sucia cuando fantaseaba de esa forma, pero había acabado por acostumbrarse. Abrió los ojos y los detuvo en un chico que tendría más o menos su edad que no dejaba de mirarla. Sonrió forzosa, sin ganas apenas, pero el chico lo interpreto como una invitación a que se acercara y se sentara a su lado. Ella volvió la vista al humo que desprendía su cigarro, le dio otra calada y esperó paciente a que el chico se sentara y le formulara cualquier pregunta estúpida para empezar una conversación. En su mente una pregunta no dejaba de retumbar “¿La gente no percibe los sentimientos de los demás?”. Poco importaba ya, el chico había pronunciado la pregunta estúpida y no tenía otra salida. Intentó tomárselo con filosofía, al menos estaría alejada de su recuerdo por unas míseras horas.

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