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Tell me what you kill?
Tastel
lestat_sara
Como si perdiese el control...


La bebida parecía haber hecho mella en su cuerpo ya que no sentía el frío que llenaba la noche, ella estaba en manga corta sentada en la terraza de su casa recordando y olvidando lo que le interesaba. Aun quedaba un poco de esperanzas e ilusiones en su vaso, bebió de un solo trago el contenido y lo estrelló contra el suelo, había comprobado con bastantes sobras que el alcohol no es más que un agravamente para la enfermedad emocional y ahora pagaba las conseqüencias que se mostraba en sus lágrimas. Un suave susurro invadió sus tímpanos provocando un escalofrío en su piel, esa maldita voz, tan jodidamente atrayente como seductora la hacía morderse los labios cada vez que la escuchaba o la recordaba. Sintió su respiración en su cuello, como bajaba lentamente erizando cada centímetro que atravesaba, tan asombrosa, tan rítmica, tan tranquila...

Su cuerpo excitado notó el tacto de sus manos paseando por su espalda lentamente, subiendo su camisa y acariciando ahora la piel desnuda mientras desabrochaba su sujetador permitiéndole acariciar sus pechos indefensos. Su boca seguía repasando su cuello mientras le susurraba palabras inaudibles pero gratamente excitables. Los nervios empezaban a traicionarla y empezaba a impacientarse con tanto jugueteo, era la mejor de las torturas, pero aun así una tortura, suplicó en voz baja que no se demorara más y su acompañante obedeció descendienco lentamente hasta el centro de su humedad. Podía sentirlo claramente, podía notar las suaves embestidas que había empezado, podía notar su respiración cada vez más difícil de mantener, podía sentirla a ella por entero, podía sentir como todo su cuerpo se rendía ante ese acto tan vulgar como fascinante y empezaba a contraerse a causa del climax. Con las gotas de sudor en el rostro y aun con la respiración alterada intentó dejarse caer para descansar y notar por entero el cuerpo de su amante... pero no había nada y el golpe en la cabeza le hizo salir de aquella alucinación tan extraña. Tocó el lugar donde le dolía la cabeza y luego el lugar donde su corazón estaba latiendo con la fuerza de un huracán. Suspiró resignada mientras se prometía a si misma no volver a beber de aquella forma, otra voz en su cabeza no dejaba de rondarla repitiendo lo mismo una y otra vez:


¿Dónde estás?

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